Cortina del Gran Muro Cósmico
Superclusters

Cortina del Gran Muro Cósmico

Ante el observador se despliega una cortina cósmica de proporciones inimaginables: el Gran Muro de Sloan visto de canto, una estructura de quinientos megapársecs de longitud que llena el campo visual de horizonte a horizonte sin ofrecer ni un extremo ni una curvatura, solo una extensión luminosa que asciende y se pierde en la oscuridad intergaláctica. La trama de esta muralla no es homogénea: densos nódulos ámbar-dorados marcan la posición de cúmulos de galaxias con masas de hasta diez a la quince veces la masa solar, donde el medio intracluster arde a cien millones de kelvin y emite en rayos X, mientras láminas translúcidas de color azul-blanco los interconectan —filamentos cargados del medio intergaláctico tibio y caliente, ese gas parcialmente ionizado a temperaturas de entre cien mil y diez millones de kelvin que alberga casi la mitad de la materia bariónica del universo y que aquí se manifiesta como una gasa iridiscente suspendida entre los nodos. Sin fuente de luz exterior alguna, toda la iluminación de la escena emana de la propia estructura: el resplandor cobre de los núcleos de cúmulos más próximos cede gradualmente al azul-gris frío de las regiones más distantes, donde el corrimiento al rojo acumula cientos de millones de años de viaje sobre la luz, y ventanas de oscuridad absoluta —voids que perforan la pared de lado a lado— se abren de improviso como agujeros cortados en el tejido del cosmos, recordando que en este régimen de escala es el vacío, y no la materia, quien domina el volumen del universo.

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