Bosque palizado de cloroplastos
Plants — meristems & tissues

Bosque palizado de cloroplastos

De pie en el suelo de la hoja, los pies sobre una losa translúcida de pared celular impregnada de cera, la mirada sube a lo largo de columnas cilíndricas de setenta micrómetros de altura que se alzan como las naves de una catedral de cristal verde: las paredes de cada columna, ámbar-verdosas y semiopacas, están empapeladas por dentro con centenares de cloroplastos biconvexos que se ajustan entre sí como teselas de esmeralda, cada uno irradiando una fría luminiscencia propia que suma sus penumbras jade hasta hacer arder la pared entera con la intensidad de una vidriera viva. Desde el techo de epidermis, a setenta micrómetros de altura, la luz cae difusa y casi paralela, filtrada por la cutícula como a través de vidrio esmerilado, encendiendo de blanco irisado el cielo irregular de polígonos que forman las células epidérmicas, mientras entre las columnas se abren crevices casi negras que sugieren pasadizos hacia las cavernas del mesófilo esponjoso más allá. Cada superficie húmeda luce un destello especular ultrafino, señal del film acuoso que impregna las paredes y garantiza el intercambio gaseoso, y donde dos cloroplastos se aproximan sobre el vacío sus bordes luminosos trazan líneas de neón verde contra la oscuridad absoluta del espacio intercelular. Es la arquitectura de la fotosíntesis operando en todas las direcciones a la vez: estructura pura, pigmento puro, química silenciosa y total.

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