Tripanosomas Serpenteando Entre Glóbulos
Protists & protozoa

Tripanosomas Serpenteando Entre Glóbulos

Entre los discos rosados que colman cada plano de visión hasta donde alcanza la mirada, varias formas violeta-azuladas se retuercen con lentitud calculada: son tripanosomas, parásitos unicelulares de quince a treinta micrómetros de longitud cuya membrana flagelar ondula como una cinta de seda empujando el cuerpo entre los glóbulos rojos con la eficiencia fría de organismos que han coevolucionado con la sangre de vertebrados durante decenas de millones de años. Cada célula roja que llena el campo es un disco bicóncavo de hemoglobina encerrado en una membrana lipídica de apenas siete nanómetros de espesor, siete micrómetros de diámetro, sin núcleo ni mitocondrias, reducida a su función esencial de transporte de oxígeno; amontonadas en todas las direcciones forman una geometría aplastante de carne rosada que deja solo angostos corredores donde los parásitos navegan. El kinetoplasto visible en cada tripanosoma como un punto casi negro cerca del extremo posterior es en realidad una red extraordinaria de ADN mitocondrial circular, único entre los eucariotas, que regula la bioquímica de un organismo capaz de alterar su cubierta de glicoproteínas para escapar sistemáticamente de la respuesta inmune del hospedador. La tinción de Giemsa congela esta negociación parasitaria en una paleta de violetas y rosas que, a esta proximidad, transforma el torrente circulatorio en algo que parece más paisaje que fluido: un mundo denso, claustrofóbico e infinitamente vivo.

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