Interior sincrotrón nebulosa del Cangrejo
Nebulae

Interior sincrotrón nebulosa del Cangrejo

Flotas en el interior mismo de la Nebulosa del Cangrejo, envuelto por una luminosidad azul eléctrica que no procede de ninguna estrella sino de electrones relativistas atrapados en líneas de campo magnético amplificado, emitiendo radiación sincrotrón en todas las direcciones a la vez, sin sombras, sin origen único, como si el vacío mismo ardiera en frío. A través de este azul omnidireccional se entretejen filamentos carmesí y escarlata —la envoltura estelar expulsada por una supernova observada desde la Tierra hace novecientos años— que viajan hacia el exterior a miles de kilómetros por segundo pero que a esta escala parecen absolutamente inmóviles, retorcidos en trenzas y nudos que imitan la anatomía de un organismo vivo, sus bordes encendidos por la recombinación del hidrógeno ionizado en emisión Hα. En el centro geométrico exacto de todo este volumen, un punto de luz parpadea con una cadencia estroboscópica de treinta pulsos por segundo: es el púlsar del Cangrejo, un núcleo estelar colapsado a densidad nuclear y reducido al tamaño de una ciudad, que barre el interior de la nebulosa con haces gemelos de radiación dura y envía con cada latido una ola de luminosidad expansiva que recorre el campo sincrotrón y aviva momentáneamente los bordes escarlata de los filamentos más próximos. Estás dentro de la sala de máquinas de una muerte estelar congelada a mitad de su grito, rodeado por una arquitectura de plasma lo bastante vasta para engullir todo el vecindario solar.

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