Larva Amphiblastula Girando
Choanoflagellates & sponges

Larva Amphiblastula Girando

Suspendido en la columna de agua sobre un arrecife rocoso, el visitante se encuentra frente a frente con una larva amphiblástula de esponja calcárea: un óvalo translúcido de unos cuatrocientos micrómetros de diámetro que rota lentamente sobre sí mismo, iluminado desde un lateral por un haz frío de luz blanca que lo divide en creciente radiante y sombra profunda con la precisión de un instrumento óptico. El hemisferio anterior, densamente poblado de cilios que laten en ondas metacrónicas coordinadas a decenas de ciclos por segundo, genera un halo espectral en el borde ecuatorial donde la luz se difracta en arcos de violeta, cian y oro pálido, recordando que incluso esta diminuta franja de membrana viva es capaz de descomponer la luz como un prisma cristalino. El hemisferio posterior, más grande y silencioso, revela a través de su pared traslúcida las masas redondeadas de arqueocitos cargados de lípidos, inclusiones ámbar oscuro que dispersan la luz transmitida como pequeñas linternas apagadas tras un cristal esmerilado, almacenando la energía necesaria para la metamorfosis que transformará esta larva natatoria en un animal sésil filtrador. Esta forma larvaria constituye uno de los momentos más antiguos y conservados de la biología animal: una estructura bifuncional que separa la motilidad ciliar de la reserva vitelina, un diseño que los poríferos llevan perfeccionando desde hace más de seiscientos millones de años. Dispersos en el agua azul-verdosa que rodea la larva, diatomeas con sus frústulas grabadas y bacterias en deriva browniana recuerdan que este organismo navega un ecosistema microbiano denso del que extraerá todo lo necesario para sobrevivir.

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