Profundidades del Túnel Peptídico
Macromolecules

Profundidades del Túnel Peptídico

El observador se encuentra en el interior de un corredor biológico de proporciones catedralicias, cuyas paredes de ARN ribosómico —forjadas en hélices de color ocre y bronce quemado— se estrechan hasta apenas 1,5 nanómetros en la constricción central, donde las superficies de van der Waals de los pilares opuestos casi se rozan en un contacto de densidad electrónica violeta pálido. Desde el centro peptidiltransferasa, diez nanómetros al fondo, emana una luminosidad azul-blanca que baña los planos apilados de las bases nitrogenadas y los transforma en plataformas de pizarra que refractan la luz en sombras ámbar y azafrán, mientras iones de magnesio y potasio fulguran como puntos de plata en las indentaciones del surco mayor. Una cadena polipeptídica naciente —lima y ámbar alternándose a lo largo de cada enlace peptídico— avanza desde ese hogar cataláctico hacia la cámara, sus cadenas laterales rozando con fugaz intimidad de van der Waals las paredes estriadas de ARNr antes de que el movimiento térmico las separe de nuevo. El ambiente entero vibra con el murmullo productivo de la síntesis proteica: el ruido browniano del agua, los paisajes de carga electrostática y las superficies hidrofóbicas colaboran en el corredor donde transcurren los primeros instantes de existencia de una nueva proteína, conducidos en luz ámbar cálida y fuego catalítico azul.

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