Cámara de foraminífero alberga simbiontes
Diatoms

Cámara de foraminífero alberga simbiontes

Suspendido en el interior de esta cámara arqueada de calcita, el visitante se encuentra rodeado por paredes de un blanco marfil suavemente traslúcido que irradian una luminosidad difusa, como si la luz del fondo marino de arena carbonatada filtrara a través de la propia piedra y convirtiera las paredes en su fuente. El espacio está parcialmente ocupado por un citoplasma pálido y granular —gel vivo de tonos beige grisáceo— del que emergen finos filamentos pseudopodiales que se deslizan hacia el exterior a través de los poros del caparazón como hebras de vidrio estirado, conectando este refugio encerrado con el agua de mar abierta más allá. Distribuidas por toda esa matriz viva descansan las células de *Nitzschia*, cada una una frústula pennada de sílice amorfa de veinte a cuarenta micrómetros de longitud, con sus cloroplastos ricos en fucoxantina irradiando un ámbar dorado intenso —cálido como resina translúcida sostenida ante una llama— mientras permanecen inmóviles en estado simbionte protegido dentro de su huésped foraminífero. Esta relación es una de las asociaciones fotosintéticas más refinadas del océano: el foraminífero *Amphistegina* alberga activamente a estas diatomeas como simbiontes funcionales, aprovechando su fotosíntesis para enriquecer el carbono orgánico disponible en los sedimentos someros iluminados por el sol de las plataformas de carbonato tropical. La atmósfera general es de una quietud filtrada y fecunda: ni corriente, ni turbulencia, solo el brillo suave de la calcita, las constelaciones ámbar de los cloroplastos y la granularidad silenciosa de un mundo interior que sostiene, en calma productiva, a sus huéspedes fotosintéticos.

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