Antenas Quimiorreceptoras Anfidiales
Nematodes

Antenas Quimiorreceptoras Anfidiales

Te encuentras a pocos centímetros del extremo anterior de un nematodo, suspendido exactamente a su misma escala, y los tres labios romos que flanquean la boca ocupan todo tu campo visual como la entrada a una gruta submarina tallada en alabastro translúcido, sus anillos cuticulares capturando la luz dispersa en destellos nacarados que van del marfil al oro pálido. En el flanco lateral, hundida en una discreta ranura epidérmica, la apertura del anfidio se abre como una hendidura en media luna: un canal relleno de fluido viscoso y bordeado por células vaina de membrana lisa, dentro del cual se distinguen doce terminaciones dendríticas ciliadas dispuestas en fascículo apretado, cada filamento rematado en membranas receptoras plegadas que absorben los fotones disponibles como brasas frías de luz azul-blanca. Los anfidios son los principales órganos quimiosensoriales de los nematodos, capaces de detectar gradientes de moléculas disueltas a concentraciones nanomolares a través de los cilios del par de neuronas AWA y AWC, cuya integración de señales dirige comportamientos de atracción o aversión codificados en un sistema nervioso de exactamente 302 neuronas. El entorno químico no permanece invisible a esta escala: la película acuosa que recubre la cutícula se estratifica en capas cromáticas — cian glacial concentrado cerca de la fuente atractiva, que sangra a través de verdes acuosos hasta un halo ámbar cálido en los márgenes de aversión — y dentro del canal anfidial, el trazador fluorescente acumulado en las dendritas dibuja un resplandor lima fantasmal que es evidencia visible de una señal química siendo internalizada y transformada en comportamiento.

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