Cavidad Bipolar Protoestelar
Nebulae

Cavidad Bipolar Protoestelar

Te encuentras suspendido en el corazón geométrico de una cavidad bicónica excavada a través de una muralla de nube molecular oscura, un túnel que se curva alejándose de ti en ambas direcciones como el interior de un inmenso cuerno tallado en polvo primordial. Las paredes cóncavas, a distancias de cientos de unidades astronómicas, irradian una luminiscencia ámbar-dorada saturada —más rica que la luz del fuego, próxima al hierro incandescente— producto del hidrógeno molecular que fluorece bajo la irradiación infrarroja bombeada desde el disco protoestelar oculto en las profundidades opacas bajo tus pies; su superficie no es lisa sino corrugada y fibrosa, ablacionada por el viento en crestas superpuestas y concavidades festoneadas donde las variaciones de densidad modulan el brillo entre ámbar vivo y umber ahumado, confiriendo a la escena una tridimensionalidad casi geológica. A lo largo del eje central, un chorro colimado de plasma de hierro ionizado traza una línea azul-blanca de precisión quirúrgica, manteniéndose coherente durante distancias prodigiosas y salpicado por nudos de choque oblicuos que destellan brevemente en azul-violeta antes de reintegrarse al hilo, mientras una neblina infrarroja casi imperceptible —polvo levantado de las paredes por el viento de salida— llena el interior del cono con una translucidez volumétrica iluminada desde dentro. Detrás de ti, la boca de la cavidad se abre hacia el medio interestelar exterior, donde la nube molecular presenta su cara exterior como una cortina casi negra de polvo frío, y en ese umbral un arco de choque en proa —una delgada media luna de emisión azul-verdosa, frágil como una película de jabón— separa con absoluta nitidez el interior cálido y radiante del exterior frío y sellado.

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