Costra Verde Simbiótica Spongilla
Choanoflagellates & sponges

Costra Verde Simbiótica Spongilla

En el envés oscuro y empapado de un tronco sumergido, una esponja de agua dulce se despliega como una alfombra viva de terciopelo verde eléctrico, encendida desde dentro por los cloroplastos de las miles de algas simbióticas que habitan sus tejidos y que atrapan cada destello de luz que se filtra desde la superficie ondulante del arroyo. La textura de esta costra viva es una contradicción sensorial: suave a la vista pero erizada de agujas de sílice, las espículas de la armadura interna del animal, cuyos extremos capturan la luz como cristales de escarcha y proyectan un halo plateado sobre toda la superficie. Sobresaliendo de ese tapiz verde como adoquines enterrados, las gémulas —esferas color caoba de medio milímetro, selladas herméticamente y ornamentadas con arquitecturas radiales de espículas— esperan inmóviles, cápsulas de supervivencia llenas de células madre capaces de reconstruir un organismo completo cuando el frío o la sequía destruyan al organismo que las produce. Por la superficie se deslizan ostrácodos cuyas valvas bivalvas relumbran como perlas rodando por seda, y planarias translúcidas cuyo vientre deja ver el verde de la esponja a través de su propio cuerpo; sobre todo ellos, la columna de agua del arroyo se alza como una catedral de claridad verde y fría, sus haces de luz desplazándose en lentas oleadas sobre este organismo cuyo diseño fundamental —bombear, filtrar, albergar— no ha cambiado en seiscientos millones de años.

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