Máquina de Horquilla Replicativa
Macromolecules

Máquina de Horquilla Replicativa

Suspendido apenas cinco nanómetros sobre la horquilla de replicación, el observador contempla una de las maquinarias moleculares más sofisticadas de la biología: el complejo CMG, un anillo hexamérico de unos quince nanómetros de diámetro compuesto de proteínas Cdc45, MCM2-7 y GINS, que actúa como helicasa desenrollando activamente la doble hélice parental —que llega desde la derecha como un corredor de columnas de fosfato en azul marino intenso— en dos hebras molde sinuosas que se separan en el umbral probabilístico de la horquilla, una en verde azulado profundo y otra en oro ambarino, sus bases apiladas perdiéndose en el ruido térmico del medio acuoso. Por delante de la hebra conductora, la ADN polimerasa se aferra al dúplex naciente como una tenaza articulada de gris ocre, catalizando la incorporación de cada nucleótido en el sitio activo estabilizado por iones de magnesio —destellos de plata que surcan canales electroestáticos invisibles— mientras cada evento de incorporación libera pirofosfato en una breve explosión de luz naranja-blanca que se disipa en femtosegundos hacia el halo acuoso azul grisáceo que todo lo envuelve. Todo el conjunto avanza a una cadencia de aproximadamente mil pares de bases por segundo, empujado no por ninguna fuerza macroscópica sino por el torrente de energía libre liberada en la hidrólisis del ATP y en la formación de cada nuevo enlace fosfodiéster, en un medio donde el peso carece de sentido y cada superficie proteica no es más que una nube de densidad electrónica que oscila al ritmo incesante del bombardeo termal del agua.

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